domingo, 13 de noviembre de 2011

Bitácoras

  • Cuatro de enero. Con alas, sin sal.

Bitácora del pesimismo. Ya no habrá más manías de esqueleto.

Nota mental: Ignorar diluvio de células cancerígenas. El opio.

Humor: 78 % gris. El café y una unidad de sangre para mañana a las diez.

Clasificación del recuerdo: Asfixia y sal.

Verbo: Fumar.

Imagen: Onda sonora, producto de alucinación auditiva.

Sonido: Cállate y bésame.

Sensación térmica: Enero.

Cliché: Por algo todo se fue.

Deidad: El diablo y yo nos entendemos mucho mejor ahora que hace doce meses.

Conclusión: Ya no, ya nunca.


  • Veintitrés de Enero. Química eléctrica.

Nota mental: Ignorar abismo de luciérnagas grises.

Humor: 2 %

Clasificación: Caricia y sueño.

Verbo: Oír.

Imagen: Descarga eléctrica.

Sonido: Energía cinética metida en una lata de coca-cola. Color: Azul y gris.

Longitud de onda: De menos infinito a más infinito. Frecuencia: Atemporal.

Clasificación: Octubre-Enero.

Aroma: Él.

Conclusión: Hoy en día se fabrican excelentes medicamentos para contrarrestar los síntomas del VIH.


  • Veintisiete de enero. Bitácora de la tabla periódica. Yogurt de fresa con pay de queso.

Nota mental: No comerme las uñas.

Humor: x+y= %

Clasificación: Nadie ha de resignarse.

Verbo: Comunicar.

Imagen: Fosforescencia.

Sonido: Periférico y cristalino.

Color: Cyan.

Longitud de onda: Luna ficticia de amplia visión.

Frecuencia: Variable.

Clima: Opio, gris, nieve de mayo.

Aroma: Farmacéutica.

Conclusión: El capítulo 70 de Rayuela es todo el kit.


  • Doce de Marzo. Bitácora del agua.

Nota mental: Pedir permiso para los lunares.

Humor: Manzana y menta.

Clasificación: Miel y hormigas.

Verbo: Poseer.

Imagen: Acido y carne.

Sonido: Arpa coagulada.

Color: Un tren amarillo.

Longitud de onda: Cadáver de amplitud modulada.

Frecuencia: Intacta.

Clima: Sin nubes y sin catala.

Aroma: Diciembre recién nacido.

Conclusión: Las barritas de fresa ahora están más ricas.


  • Dos de septiembre. Bitácora de días grises.

Nota mental: Archivar documentos.

Humor: Durazno.

Clasificación: Días de filmación.

Verbo: Discutir.

Imagen: Luces de carretera.

Sonido: El porqué de tus silencios.

Color: Fotos a blanco y negro.

Longitud de onda: Capricho en frecuencia modulada.

Clima: Sin tregua.

Aroma: Arroz y diciembre.

Conclusión: Una maestría en ciencias no me salva de nada.


  • Veinticinco de septiembre. Bitácora de sonrisas incontenibles.

Nota mental: Diccionario.

Humor: Risa en el camión.

Clasificación: Cerveza y Palomitas.

Verbo: Párteme en dos.

Imagen: Incendios.

Sonido: Estúpidos franceses.

Color: Cuídame mientras duermo.

Longitud de onda: Afirmaciones y peleas.

Clima: Espaldas congeladas.

Aroma: Insectos y Enero.

Conclusión: El mirador de tu casa también es mi favorito.

Little prince

No me importa si me destruyo. Si se me cae la piel en pedacitos como símbolo de lepra metafísica. No me importa si se me salen los ojos de sus orbitas y si se me pone el estomago vomitivo. Quiero vodka y una cantidad desconsiderada de cigarros. Quiero una pastilla o quizá dos, para despertar hasta que este tiempo de sequia haya terminado. No me importa si me pierdo del mundo, si acontecen maravillas o catástrofes. Yo solo quiero escapar del amplio catalogo de fantasmas que fueron escogidos para fastidiarme.


Nunca supe que tanto te tenia, hasta que ya no te tuve. Y esta tarde mientras cenaba pan francés y pensaba en lo maravilloso que hubiera sido enviarte un mensaje para decirte justamente esto "Voy a cenar pan francés", me di cuenta de lo ahogada que estoy, atragantándome con tantas pequeñas cosas. Luego de la cena, me di cuenta también, de lo sagrada que había sido siempre esta costumbre nuestra de hacernos daño y de lo equilibrados que estuvimos algunas veces, bajo ciertos influjos que no dependían nunca de nosotros. Entendí el privilegio del que goce siempre y adorne unas cuantas verdades para no dejar que me mataran antes de que fuera hora de dormir.


Es verdad que somos el uno para el otro y al mismo tiempo es cierto que estamos mejor así. Y sé que es mejor amarte con devoción sacra, casi religiosa. Sé que nunca voy a soportarte, que me molesta tu entereza y tu corazón mecánico y los años que presumes con tu madurez de puberto de oficina. Sé que vamos a discutir toda la vida porque no eres capaz de amar un tornillo y porque prefieres la nieve de DQ en lugar de la Coldy y porque mi cine favorito nunca se te antoja tanto y porque sigues terco en escribir en francés sabiendo que ni en español puedes hacerlo bien. Pero sé también que jamás nadie va a entender mejor que tú la importancia de acariciar las paredes, de subir las escaleras, de comer las palomitas con todo eso que les pongo encima y sobre todo, la importancia de pararme en la ventana de tu cuarto cuando fumo.

Sostenemos a lo largo del tiempo una guerra que no se ha declarado y gozamos de una paz que no hemos establecido. Pero así estamos bien, hermano. Ahora solo faltan dos pastillas que me mantengan dormida todo el tiempo que dure esta sequia.

Carta a un jovencito que todavía no volvía de París

Te extraña mi sombrero, mi cintura, mis vestidos. Te extraña la blusa que me quitaste alguna vez. El canal que va de mi cuello a mi ombligo y que solo recorriste una noche cientos de veces. Te extrañan mis ojos que miran y miran un sinfín de objetos casi inanimados, mis manos que acarician otro pelo, otra risa, otro color. Te extraña mi espejo que ya no me mira arreglarme para ti, mi pelo que no siente tu mano acariciarlo, mi nariz que recibe halagos que nunca vienen de ti, mi boca que no tiene que boca desear. Te extraña mi alma, esa alma que te cogías sin pensar en su dolor o su infierno. Te extraña mi abrazo repartido a multitudes en que no te encuentras, mis nervios de esperarte, mi fe de que vinieras. Te extraña el móvil que vibra sin sentido para restregarme que puede ser cualquiera, menos tu. Te extraña mi vos, que no pronuncia tu nombre para dirigirse a ti, mis piernas que no caminan al consultorio. Te extrañan mis oídos que no perciben tu voz, mis letras que olvidan como escribirse si no me estrujas el corazón a cada instante, ignorándome o echándome a andar lejos. Te extraña mi esperanza inútil, mi ilusión absurda, mi fin de semana feliz. Yo no, ni se te ocurra pensar mal de mi.

Para llegar a la médula de uno mismo

Hay que alcoholizarse, fumar marihuana,

mucho tabaco, perder el control.

Hay que estar en un sitio donde el ruido

sea más fuerte que el latir del corazón amedrentado,

rodeado de gente, de bullicio.

Hay que cumplir los caprichos de la carne,

llenarse las manos de tendones,

dejar que la saliva recorra el esqueleto.

Hay que tocar todo lo tangible,

oler cada rincón de cada piel que nos plazca.

Desnudar la espalda,

alimentar el ombligo con otro ombligo tibio y deseoso.

Hay que beber hasta que la garganta se destroce,

fumar hasta que los pulmones no necesiten ni oxigeno ni libertad.

Dejarse tocar, dejarse corromper.

Reír, besar la entrepierna de dios, venirse en la boca del diablo.

Reír a carcajadas, burlarse de uno mismo,

enredarse con el animal caliente que lame y gime en medio de los intestinos.

Retorcerse y tocarse y lamerse y vomitar y volver a gritar.

Hay que revolcarse con el prójimo de lejos,

espina contra vientre, piernas sobre vitrina.

Temblar de infierno, sentirse a salvo de la conciencia,

a salvo del vacío.

Llenarse la boca de venenos, de hiel,

que mientras sepa a miel ¿Qué más da?.

Hay que estrangular el tiempo, cogerse a la muerte,

mamársela al miedo,

esculpir con el barro de la gracia un monstruo de tentáculos húmedos

que resbalen por cada centímetro de la piel.

Hay que llegar al punto en que se dice “Ya no puedo más”

y avanzar todavía un poco, sentir el estomago maldito,

abrir las piernas subliminales por instinto,

palpar con las manos el aire y alcanzar el climax de la noche.

Hay que huir de uno a cada instante,

verá como al final, se va a conocer más de lo esperado.

Insulina

Te odio por la nota que dejaste al despertar.

I

Hay que dejar que naden las manecillas,

que se cuarteen las paredes de un reloj

sin péndulo en medio de una plaza

en donde caminas sin mi.

Hay que dejarte seco, enojado, atrincherado,

para que aprendas.

¿Qué voy a decirte de dolor que no sepas?

¿Qué? si te empeñaste en enseñármelo

con puntos, comas y señales.

Tan solo pediste estar un momento a solas.

II

Ella tenia los ojos llenos de vida antes de

conocerte. ¿Qué le hiciste?

Incluso yo los tenia vivos y hambrientos.

Quiero que me digas como haces para hacerme feliz.

Que me expliques porque aprendí tan bien

el oficio de comer almas.

Porque por más que las consumo no parece suficiente.

¿Por qué tenias que enseñarme de la insatisfacción?

III

Ya córtate el pelo. Tienes que regresar justo como a mi me gusta.

Con el cabello exacto, la sonrisa cínica perfecta, la malicia ocular.

Comete las uñas, ¿Qué esperas?

Vamos a llorar como siempre,

a comer almendras en tu mirador privado,

a fumar y a reclamarnos la vida entera.

Nos esperan el cine, los cafes y la utopía.

Las cosquillas, las pelis, la cerveza y la locura.

La contaminación.

¿Por qué fuiste tú el que me llamo Radioactiva por primera vez?

¿Por qué acuñaste tantos términos a mi doctrina?

¿Por qué la pensamos juntos?

¿Por qué sabes leerme la piel y la mente?

¿El corazón?

IV

Cerveza y cintura.

El relieve de tus dientes en mi carne tibia.

Quizá es que me haga falta volver a dormir con tus camisas,

volver a reírme en los mismos cafés.

Quiza es que no nos sirve la luna como espejo.

O solo no supimos inventar la verdad,

armarla, dibujarla, gemirla, cantarla.

Nada supimos hacer y lo (nos) teniamos todo.

Quiza es que solo no puedo disculparme lo suficiente

por no saber cumplir con mi promesa de no amarte para siempre.

Que me perdone Cortázar

Para Alejandro.


Dices basta y te echas con la panza al suelo a imaginar tu vida perfecta.

Te dibujas en París, caminando con un paraguas descompuesto bajo la

lluvia de abril. Te miras tomando ese café tan estereotipado, fumando un

cigarro cliché de cliches, leyendo a Rimbaud o a Monterroso, llenándote

del blues que suena sin sonido en la Rue de Huchette, con gente yendo

de un lado a otro sin más finalidad que la de formar parte de tu atmosfera

perfecta, sin vacio, sin soledades, sin angustias.

Y un día ahí estará, por fin, búsqueda de búsquedas, eslabón perdido en tu

propia cadena evolutiva. Y ahí estarás tu, protagonizando tu propia película

cursi, clásico escenario flamable lleno de sueños realizados y magias insolubles.

Y vas a vivir feliz por siempre, borrando todo este mapa de conjugaciones que

fuiste obligado a completar. Eliminando de una vez y por todas las huellas que

te fueron tatuadas por error.

Revisas el correo, subes la escalera, deliras con postales, tomás siempre más café,

fumás siempre un poco más, hasta que vives con la barriga en el suelo, imaginando.

Entonces desesperas y quieres dejarlo todo de veras, aunque sabes que lo mismo

es en Paris o en Buenos aires, al final tendrás que despertar de la misma cama,

quitarte la misma pijama, bañarte bajo la misma regadera, usar los mismos zapatos,

salir y caminar por la misma banqueta, tomar el mismo bus que te lleve a la escuela,

escribir siempre con la misma mano, no poderte quitar los mismos ojos con que ves

las mismas cosas todos los días, sabiendo que a cada instante comienza una nueva

gran equivocación.


Garabatos de la A

Ab

No. No es pms. Indiferencia, se llama. Lógico, después del orgasmo neuro-espiritual de anoche.

Tengo el corazón limpio, curado de espantos. Y ahí voy a ocuparlo, de inmediato.

Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

Tiempo al tiempo, tengo que esperar. Es la idea y suele condenar, tu venganza me alcanza.

Hola, soy la que fuma despacito y quiere lento, como si no tuviera pies para andar.

Plena desgracia, encanto.

Vacantes. Que puesto tan codiciado. Que empresa tan degeneradamente poco selectiva.

Patrañas. La elección fue buena. El tiempo no, pero ese nunca.

Decidir. Listo.

Buenas noches, como siempre voy a dormir, a ver si cuando despierte ya acabo de acabarse el mundo.



Ac

Ladran mucho los perros a esta hora. Tengo las manos tiesas, dolorosamente.

Me voy a dormir incomoda con el pelo mojado. Posdata, olvide lavar las camisas.

Complacida, claro.

Lo hice por ti.

Me he venido volviendo una experta para las evasiones.

Pero por fin me concrete. Que suenen y que canten ahora, los cocodrilos.

Decisiones, dije. Lo hice bien. Invente mucho la verdad.

¡Cuando fingí quererte, no sabia que te quería ya!



Ad


Es temprano, que buena suerte, que claridad.

Tanta rayuela me conmovió el esqueleto y no podía ni respirar.

Hoy supe que la realidad vista como espejo,

hace que mire a mi mejor amigo como reflejo.

Puta rima, puto asco. Killemall.

Pero aprendí de la defensa de mis argumentos.

Demasiada publicidad, morbo interior. Aplauso.

Era bien fácil decir que sí. Pero me encanta el drama.



Ae


Y así fue como caí sustancialmente rendida.

Me gano el aburrimiento a las tres.

El sueño hasta las cinco, eso me lo sé de memoria.

...and nothing sounds appealing.

¿Cuanto peso? ¿Pesaba lo mismo al inicio?

Paranoia, buenas noches, aléjese de mi. Extrañar. Verbo carne.

Limpio mi cuarto. Acondiciono el sofá cama y puedes venir a quedarte

cuando quieras. Espectro, se puso todo raro y te quiero aquí.

Una cerveza, una canción. Viva la vida que llevamos.

En cuanto al verbo carne, sí. No me duele. No me dolió.

¿Cuanto peso? ¿Pesaba lo mismo al inicio? Contrato terminado.

¿Vamos a firmar otro? Yo lo haré, ni modo que no. Aquí comienza

el recorrido mágico.

En cuanto a la novedad, un aplauso. Bienvenidas sean las alucinaciones

con nuevo rostro, rostro de vos.



Af (o primer día de clases)


Primer día, primer instancia, primer rodeo, primer manía de esqueleto.

Tabaco claro, nervios escapistas. ¿Que quiere esa mujer?

-Mi niña, regalarme un cigarro, anda. Estoy muy nerviosa-

Curando canceres con cáncer de materia viva.

Buscando una forma de desviar la atención, como siempre que-ca-sua-li-dad.

-Hableme de caramelo, de vegetales curativos, manantiales ionizados. -

Esto es costos empresariales señora, ¡Focus! Por-el-amor-de-dios.

Válgame, pero que buena suerte, la señora tiene pensamiento propio,

que chulada de mujer, divorciada cuatro veces, cinco, seis, ya no sé.

-A mi me caracterizan las palabras- "¿Platicas mucho?" ¡Dinámica social, mujer!

Libre. Resulta que el señor ese prefiere el libre albedrío. A ver cuando chingados hay clase.

Los hombres de su edad, con esa cara y ese pelo, con esa forma de hablar son puras proyecciones.

Puro ponerse en evidencia. Un homosexual con una cantidad de ego proporcional a su antisocial forma de comportarse, dando la materia de calculo integral. -Sí vas a vender un producto tan feo, cuando menos que quien lo vende te hable bonito- ¿Porque no entienden eso?

Yo lo amé y no. Una voz de doblaje bien hecho, un humor móvil tan claro y autentico.-Sí, los contadores tenemos la cabeza cuadrada, lógica y razón, razón y números, sí- Como no adorarlo si admite tan fácil su condición. "Contabilidad orientada a los negocios" ¿Hay otra?

Clásico, zapatos impecables, cabello recortado, plancho su pantalón. Así son los abogados. Puro pinchi ego. -Yo tengo la mente muy abierta jovenes- Sí, claro. Pero nomás de un lado, don. Yo ni necesito un pinchi seminario de Ética.

Maldonado, bebé. No me gusta citar leyes, pero voy a perdonarte si me prometes muchas turas.



Ag


Enciendo la luz y busco una botella, abro puertas, revuelvo cajones, escrutinio las esquinas y no encuentro nada. Salgo por la puerta principal, la cierro escandalosa, voy a buscar allá afuera, los perros ladran como si no me conocieran y es cierto, no soy yo la de siempre. Tengo la piel empapada de difuntos y el corazón apretado entre ganglios y finales incompletos, tengo las pupilas relucientes y el cabello bañado de magia chamán. Ladran mientras busco como loca una botella de veneno, subo la barda, me dejo tocar por las animas impertinentes de la noche expuesta, por fin la encuentro. Hago un escándalo, bajo por ella, estoy descalza. No quiero entrar por los zapatos, cruzo la calle, el suelo tibio me acaricia.

- Una coca, por favor.

- ¿algo más?

¿Quién se cree este cabrón? para pensar que se puede querer algo más, despúes de lo que acaba de darme.

- No, es todo. Gracias.

Precioso fetiche, la acerco a mi cuello, el vidrio helado me pone la espalda chinita, escalofrió, convulsión.

Otra vez cruzo la calle, complacida.

Y brindo calladita por el niño que llamo a mi casa, sin deseos de hacerlo, para darme su primer entrega a lo mundano.



Ah


Pongamos que intentas redimirte, salvar mundos, volverte piadosa.

Pongamos que te alejas del universo que te conmueve

para no condenar a ninguna particula a tu destrucción aleatoria.

Digamos que admites tus patologías, por suerte nada que sea contagioso,

y entonces te asiste la iluminación y no te salvas,

pero te das la libertad de salvar a tus compañeros de viaje.

¿Salvarlos de que? De ti.

Pongamos que compruebas la magia,

el color, los ramilletes de flores panteoneras.

Y te encarcelas para libertar pueblos enteros,

y te duermes para que todos despierten.

Y te mueres de hambre y pesadilla para que quien

muere sobreviva, al hambre y al miedo.

Y hablas con dios y con el diablo, porque todas las noches

uno te arropa y el otro te lame las costillas.

Y tratas de hacer tu testamento y tratas de abandonar el delirio,

y la luna te avisma y el cancer te inunda y la crisis

y el vacío y el dolor etmoidal.

Extrañas la gota de lluvia que te mojo el enero en que naciste,

porque no sabes desprenderte de lo que te vio crecer.

Porque quieres una fiesta en que esten todos los que saquearon tu casa,

porque tu casa esta madreada por todos lados, sin piso ni sillones.

Pero sigues ofreciendo incluso una servilleta y vas a morirte ciega y sola.

Ciega y sola porque decidiste salvar y no salvarte,

no salvarte porque hay castigos que se pagan de por vida.

De por vida intimas con la novia del naufragio,

naufragío salado pintado del color de la tragedia.

La tragedia paulatina de no poseer un destino.

Pongamos que descubres, con placer extraordinario

que tienes el deseo de amar. Pero no la capacidad de amar.

Pongamos que descubres de pronto, y con cautela

que a pesar de las discapacidades lo has logrado, alguna vez

y justo ahora.

Pongamos que no te duele desprenderte de lo que amas como tuyo.

Pongamos que te vuelves piadosa y te alejas del mundo,

pongamos que evitas el tragico desenlace utopico en que existen los finales.

Ahora vamos a jugar a que nada de esto es cierto,

sin piedad y sin sentencia, vamos a pintar un tranvia desierto pez luna eco martillo durazno estrella papel.

Y vamos a irnos, como siempre, a encontrar otra nueva razón para llorar.

Llorar la hermosa vida, dijo aquel.


Poema 73

A Gabriela, días antes del nacimiento de la lucecita de su vida, Andrés.


Le brotaron del vientre una sonrisa y dos gotas de sal.

Las mujeres se ponen a parir nostalgias, a parir recuerdos.

Las putas no paren, ellas ríen, gimen como gatos,

se alimentan de semen, de caricias.

La mujer va a parir.

No sabe, ella no imagina el dolor de su carne hirviente,

el calor de sus muslos muertos, el sudor de su espalda inmóvil.

Ella tiene una esperanza creciéndole debajo de la leche,

ella se entrego y ahora entrega, casi muerta,

un revoltijo de carne y huesos de cartón,

sin dientes, sin pestañas, sin manual.

Hoy sintió un golpe inocente debajo de la piel,

eran caricias, rasguños ansiosos por abandonar

el hueco redondo lleno de jugo y miel.

El va a respirar el aire que ensuciamos, viene a limpiarlo,

viene a salvar el mundo de unas cuantas gentes.

Las putas no paren criaturas, paren fantasmas.

Las mujeres no lloran recuerdos, lloran deseos.

Ella va a parir anhelos, sueños que lloran de hambre

a las tres de la mañana, diluvios de alegría que

rien con ojos perdidos, con cabeza frágil,

con manos de mazapán.

Ella va a gemir con la vagina desnuda,

con la medula quebrada, con la frente febril.

Y va a olvidarlo.

Va a olvidarlo todo cuando

sienta su carne acariciándole la cara,

reconociéndola,

amándola,

necesitándola.

Ella sabrá que no hay dolor más dulce que el de parir.

Poemas de un día sin inspiración

1

He aquí que estoy desnuda, quemándome.
Sin importar que tu cuerpo y mi cuerpo no fijen coincidencias,
voy a escribir con un alfiler encima de mis muslos
que nuestras almas copulan hasta el cansancio.
Que te siento más mío que de nadie,
cuando descubres una verdad ciega y me la dices despacito, sin miedo.
Sin importar que a tu boca y a mi boca
las mantengan unidas nada más que las palabras,
voy a contarle a los dioses que tu piel siente lo mismo que la mía,
cuando el terror de la noche me acaricia,
cuando la cama vacía de un solo lado me apuñala las costillas.
Voy a destar el rumor certero, de tus pulmones iguales a los míos,
de mi camino, mejor recorrido por tus pasos.
¿Has sentido esa sutil lagrima mía, aquella noche en que no podía besarte?
Te siento de esa única forma en que es posible que seas para mí.
Te toco con cada parte de esta locura con alas,
de este espíritu desquiciado,
con cada baño de bronce de este monumento a ti mismo.
Y entonces alucino, te poseo sin tregua en medio de un sueño mal teñido.
Te dibujo entre sonidos y nuestras mentes se encuentran,
se transfiguran, se concluyen.
Entonces te vas, te alejas a tu encuentro carnal con el mundo.
Y mis ideas se despabilan, crecen, duermen. Te esperan.



2

Un enfrentamiento en blanco y negro con la realidad,
una mujer sudando gusanos pálidos,
echándolos del alma hacia afuera. Quedándose sin nada.
La frígida secuencia de palabras sin sentido, el ruido.
Como tiene que ajustarse el sonido,
para pintar la diferencia sustancial entre el ruido y el eco.
Y del eco al melódico canto del silencio
¿Cómo?
Un pájaro voló esta mañana en el patio.
Se metió por la ventana,
venía a confesarse. Tenía miedo.
Yo no quiero tener más miedo del que tengo,
no quiero jaulas, ni cárceles de civilización.
El mundo se vuelve pequeño y en esta habitación de siempre
están creciendo desvaríos incalculables.
Todo amaneció fresco, todo está atardeciendo novedoso.
Voy a la sala, abro la puerta, busco algo que hacer.
Quedarme mirando una nube es una pérdida de tiempo, dice mi madre.
Es hacer planes, es quedarme a vivir en otro lado.
En un corazón y tres arterias hay poesía,
porque no va a haberla en la farmacia, no muy lejos de aquí.
Yo lo sé. Puedo olerlo, él está dibujando pensamientos lineales,
está consultando a una señora con dolor de cabeza, algo lógico.
Que trágica es la horca del tiempo, la estrangulación del lunes,
el comienzo de una rutina que siempre ha querido acabarse.
Voy a ponerme a escuchar el ruido del patio, el eco de los pájaros,
la canción de su ausencia. Estuve todo el día soñando,
voy a refugiarme en el nítido cuerpo de otra realidad.

Cas-tra-ción

Anoche supe lo que significaba la palabra “castración” ya por completo. Luego de un fin de semana altamente estimulante lo único que hacía falta era una jornada laboral y nocturna para volver tangible dicho estimulo. Olvide el cuadernito ese rosa en que siempre escribo pero sin alarma, pensé que para eso estaba el móvil. Veinte minutos después con el móvil apagado a falta de batería comencé a pensar de verás que tenía que encontrar una forma efectiva de ponerme a escribir a mitad de la jornada.

-Róbate una jodida libreta de la oficina- pensé. Y al llegar y encontrar la oficina cerrada, pero aun sin alarmarme, pensé que cuarenta y ocho escalones más arriba podría encontrar una pluma y entonces el comedor me daría todas las servilletas que estuviera dispuesta a utilizar. Pero parece que la empresa está en plan ahorrativo y dicho plan incluye una especie de ausencia muy escandalosa de plumas.

Ya desesperada, a las tres de la madrugada decidí usar el marcador permanente que guardo en mi casillero y decidí también que mis piernas eran un excelente cuaderno de piel y sensaciones. Entonces, parada frente al casillero al cuarto para las cuatro, me encontré con la curiosa casualidad de que justo el viernes pasado use el marcador para borrar unos nombres en una lista y se quedo en la gaveta. Que se joda el mundo y que me joda yo y entonces tuve la noche más castrante de mi vida.

Ahora tengo todos los renglones que pueda utilizar, pero me faltan las ganas. Por la mañana las crisis neuróticas no son tan interesantes ni intensas como en la noche y entonces lo único que quiero es irme a dormir.

¿Como he llegado a esto?

Desperté con ese fastidio cotidiano de antaño y tuve miedo. Temí de mi misma y de ti y de los demonios, pero con todo y eso me metí a bañar y ni el agua azul que caía al suelo alcanzo a curarme. Cumplí mi rutina minuciosa; color en las pestañas, cabello en orden, abrocharme los tenis, meterme el acceso a la bolsa del pantalón. Salir de casa, subirse al bus de la empresa, encerrarme. Y ahí iba yo, metidota en mi planeta sustancial.

Bunbury me alegra siempre el camino a cualquier parte, así que por ese lado no hay queja alguna. Además, ir del lado de la ventanita mirando hacia todos lados como brotan del mundo las animas es asombroso y me da la impresión de que el mundo es un pequeño puercoespín.

Desde hace dos semanas hago lo mismo cada noche, de lunes a viernes. Me bajo del bus a las once con treinta y dos minutos, me entretengo un rato antes de entrar y vengo firmando mi entrada a las once con cincuenta. El pequeño bip que emite el acceso cada vez que entro a algún lado me tenía satisfecha al principio, ahora apenas y lo escucho. Llego a mi zona de trabajo y ahí está siempre ese sujeto de hermosas facciones sentado a unos pasos de mí, me mira, sonríe y nos saludamos como en un proceso de lucidez borrosa. Al parecer soy afortunada, porque el tipo no se digna a mirar a ninguna mujer. Lo que nadie ahí sabe es que en realidad no soy una mujer propiamente dicha. Debería explicarles que soy un amasijo de huesos y pólvora que apenas y toman forma un minuto y al siguiente están haciendo ¡Bang! con una explosión decidida y meticulosa.

Entonces, las siguientes seis horas se abalanzan sobre mí como una maraña de olas gigantescas, una guerra acuosa que hasta ahora he librado bien. Los demonios al ver que no hay tiempo para sus caprichos deciden quedarse en casa, esperando que al volver tenga tiempo para ellos, cosa que no sucede porque a las siete de la mañana lo único que quiero es dormir.

A ti no puedo dejarte en casa. Te llevo conmigo a todas partes para tener menos miedo. Hasta ahora eso no ha dado muchos resultados, pero te sigo llevando, como un amuleto prodigioso que no merece mancha ni rasguño alguno. Y como no hablo con nadie en mi corto turno de seis horas, a veces me pongo a enumerarte mientras mantengo el orden impecable de la sala de urgencias. Me gusta imaginarte, dibujarte, decirte las cosas que aun no sabes, trazarte un nuevo camino hacia tu encuentro, recopilar tus flores más bellas y tus más preciosos tormentos y darles forma entre tinta y suelo.

Inevitablemente tengo dibujada una sonrisa celebre cuando pienso en todo eso. Y podría asegurar que entre mis costillas, suena estrepitosa una carcajada cada vez que me pongo a recordar todo eso que alguna vez hicimos. No quiero pensar en las miserias que nos consumen, pero a pesar de no querer, las pienso. Y entonces siento como si estuvieran formandose nuevos demonios en medio de esa atmosfera con olor a alcohol y a hidroxocobalamina. Y es ahí cuando intento borrar todo eso y me voy por el trapeador y me pongo a limpiar esos pisos como si con ello estuviera limpiándome completa el alma. No es cierto, ya lo sé, pero de algo ha de servir.

No ha habido un solo día desde que no estás en que no me asalten los fantasmas. A veces lo resisto, pero otras es imposible no ceder. Y es ahí cuando intento sacudirme el alma y no llorar y me pongo a buscar algo que hacer. Total que en toda la noche no paro, porque detenerme un segundo es darle espacio a los fantasmas. Total parcial; Te quiero.

El fin de semana fue sumamente interesante. Primero que nada porque por fin termine de hacer aquello que empecé desde que te conocí. Y ya con el cabello teñido, en un intento por alejarte de mi neura aun que fuese un par de horas, me vestí alegre y coqueta y me fui a pasear. Corrí al encuentro salado de aquella musa que tanto nos cautiva a ambos. Uno, dos, tres y el humo espectral empañaba los primeros golpes trémulos de mi inconsciencia.

Desgraciadamente mi intento por borrarte fue inútil, porque los siguientes golpes me llevaron a un absurdo pensamiento que ya no me pude sacar; no es lo mismo si no estás tú sintiendo los golpecitos a mi lado. Entonces me puse a revivir aquella noche en que me sentí completamente feliz, con el oído pegado al borde de tu corazón, con tus brazos encima y todo tu legado novedoso de búsquedas y encuentros.

Sin embargo, tuve que regresar de inmediato a mi misma para ir en búsqueda del par de criaturas que me acompañaban. El temor y la locura desbordaron y entonces me ocupe de todo, menos de ti.
Es estúpida la forma en que termino hablándote a ti de ti mismo en todos lados. Debería bastarme con tener el mismo sueño incoherente todos los días, desde hace semanas, en que apareces y te digo eso que solo tú sabes, por ser tuyo.

Al día siguiente de eso, con el humor alterado decidí ir en busca de lo único que me hace estar bien. Y así fue como horas más tarde, un trió de locos esperaba tras la puerta, listos para lo que sea que fuéramos a hacer. Es inexplicable como en tan poco tiempo ese montoncito de niñas masculinas me haga un poquito olvidar.

Total, que intente borrarte. Pareciera ser lo único que hago. Ando por ahí intentando, buscando formas, evaluando maneras. Pero nada parece funcionar. Existes en cada mililitro de aire que ventilan mis pulmones, existes en pasillos, en agujas, en espejos, en aromas, en cristales, en silencios, en azules, en tinta, en silla, en caricia, en cama, en mujeres, en abrazos, en recuerdos, en deseos, en lagrimas, en sales, en acido, en paraguas, en blasfemias, en bondades, en azúcar, en cartón, en uñas, en sabanas, en cigarros, en abismos, en las musas, en mi cuello, en mi boca…existes en mi jodida boca que ya no tiene nada de ti, existes en mis manos tercas que no se conforman con ninguna piel, existes en mis ojos que te forman ahí donde no estás, en el móvil que solo está ahí para llamarte, en el gesto de sonreír y en el de llorar, ahí también estas.