Puedo salir corriendo y para qué.
Si me encuentras escondida en todos mis rincones,
arrojada en todos mis abismos,
enganchada a todas tus costuras.
Puedo dejar de buscarte, y entonces encontrarte
y no decir que te me filtraste diminuto en la piel,
que te fuiste dosificando constante y desdeñoso
para disimular que querías entrar;
que querías entrar para ver como veían mis ojos.
Puedo clausurar mis soledades,
renegar del enorme vacío que fermenta en mis costillas,
canonizar el impulso aromático con que desbaratas mis entrañas.
Puedo dejar de dormir y salir a mitad de mi nocturno
para apaciguar a los gatos,
para silenciar las estrellas,
para tatuarle a la luna mi vergüenza y mi conformación.
Puedo interrumpir mi insomnio amoroso y decadente
para dejar que agotes tus caricias esta noche,
para que dibujes garabatos en mi espalda,
para que me ames con toda la fragua de este tiempo abstenido.
Puedo hacerlo todo y sin embargo
tengo esta piel altisonante que no se funde con tu piel volcánica.
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