Todo empieza a oler a otoño, a conocerte, a dejarte entrar. Huele a los días en que tenia tanto miedo de verte y tantas ganas. Yo nunca pedí lo que tú me diste y tu nunca pediste lo que yo te di, está bien así para mí.
Las canciones suenan siempre distintas, siendo cada día las mismas. La nostalgia es el dolor dulce, un sólido dolor oculto tras el núcleo de la felicidad. Una nota musical equivale a una gota de sal; física pura. Yo no quería un final feliz, solo quería serlo.
Festivales y otoño. Siempre es lo mismo en esta época del año, siempre hay melancolía y lunas curativas. Nunca antes había necesitado la cura de la luna y cuando la necesite ya era tarde, octubre se me fue en mariposas y espejos. Perdí el autobús y te volviste mi casa, en cualquier lugar del mundo.
Sin importar el calendario, las estaciones las divide el alma entre aromas y recuerdos. Ahora lo sé. Como sé que la piel te sabia diferente, llena de sombras. Solo quería motivos para que vinieras, invitarte a cenar o estar pegados a las diez. Quedarme con el resto que quedaba de tu corazón.
Estaba más sola de lo que jamás había estado y estaba conforme con ello. Había dejado de esperarte, ya no te buscaba. Tenía una promesa que cumplir, no quería ser yo misma todavía.
Me dolía la escuela. Desperté y sin bañarme, apenas peinada, una hora de líquidos y soluciones más una hora de inserciones que no aprendí y un día incalculablemente bueno acababa de comenzar, con la peor de sus caras, dispuesto a darme lo mejor del espacio en ese instante. Le diste cuerda al reloj que faltaba en mi pecho de hojalata y yo no quiero quitármelo aunque se parta.
Siempre he defendido a mis poetas ilustres, mis salvadores, mis amigos de horas místicas. Alguien desobedeció el curso de su propio planeta personal, alguien llego y se sentó frente a mí, debiendo estar en el gimnasio. Y ahí lo tiene usted, discutiéndome prosas de las que no sabía nada, ahí me tengo yo, discutiéndole al espejo. Desperté y vi flores en los tejados, sin darme cuenta.
Me uniste a muchas cosas. Abrí los ojos, encontré oasis en medio de mis lagunas mentales. Te quise tener siempre pegado a mis costuras. Y nunca te acababas, fluías siempre más. Me dejabas entrar y me agotaste las dudas. ¿Y mi cuento de hadas?
Volví a esperar. Sigo esperando. Todo el tiempo de espera es siempre en vano, es tiempo muerto. El olor de la ansiedad sobre mi almohada, el compendio de caricias que le hice al arte en tu nombre. Ya no puedo evitar fumar. Me estoy quemando, te estoy odiando, sigo esperándote.
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