1
He aquí que estoy desnuda, quemándome.
Sin importar que tu cuerpo y mi cuerpo no fijen coincidencias,
voy a escribir con un alfiler encima de mis muslos
que nuestras almas copulan hasta el cansancio.
Que te siento más mío que de nadie,
cuando descubres una verdad ciega y me la dices despacito, sin miedo.
Sin importar que a tu boca y a mi boca
las mantengan unidas nada más que las palabras,
voy a contarle a los dioses que tu piel siente lo mismo que la mía,
cuando el terror de la noche me acaricia,
cuando la cama vacía de un solo lado me apuñala las costillas.
Voy a destar el rumor certero, de tus pulmones iguales a los míos,
de mi camino, mejor recorrido por tus pasos.
¿Has sentido esa sutil lagrima mía, aquella noche en que no podía besarte?
Te siento de esa única forma en que es posible que seas para mí.
Te toco con cada parte de esta locura con alas,
de este espíritu desquiciado,
con cada baño de bronce de este monumento a ti mismo.
Y entonces alucino, te poseo sin tregua en medio de un sueño mal teñido.
Te dibujo entre sonidos y nuestras mentes se encuentran,
se transfiguran, se concluyen.
Entonces te vas, te alejas a tu encuentro carnal con el mundo.
Y mis ideas se despabilan, crecen, duermen. Te esperan.
2
Un enfrentamiento en blanco y negro con la realidad,
una mujer sudando gusanos pálidos,
echándolos del alma hacia afuera. Quedándose sin nada.
La frígida secuencia de palabras sin sentido, el ruido.
Como tiene que ajustarse el sonido,
para pintar la diferencia sustancial entre el ruido y el eco.
Y del eco al melódico canto del silencio
¿Cómo?
Un pájaro voló esta mañana en el patio.
Se metió por la ventana,
venía a confesarse. Tenía miedo.
Yo no quiero tener más miedo del que tengo,
no quiero jaulas, ni cárceles de civilización.
El mundo se vuelve pequeño y en esta habitación de siempre
están creciendo desvaríos incalculables.
Todo amaneció fresco, todo está atardeciendo novedoso.
Voy a la sala, abro la puerta, busco algo que hacer.
Quedarme mirando una nube es una pérdida de tiempo, dice mi madre.
Es hacer planes, es quedarme a vivir en otro lado.
En un corazón y tres arterias hay poesía,
porque no va a haberla en la farmacia, no muy lejos de aquí.
Yo lo sé. Puedo olerlo, él está dibujando pensamientos lineales,
está consultando a una señora con dolor de cabeza, algo lógico.
Que trágica es la horca del tiempo, la estrangulación del lunes,
el comienzo de una rutina que siempre ha querido acabarse.
Voy a ponerme a escuchar el ruido del patio, el eco de los pájaros,
la canción de su ausencia. Estuve todo el día soñando,
voy a refugiarme en el nítido cuerpo de otra realidad.
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