No encuentro el pijama azul.
Del sillón brotan un montón de colores vivos,
texturas aromáticas, falsas pieles maternales.
A esta hora de la madrugada me asalta un sonambulismo despierto,
necio y temperamental.
Ando como loco buscando el pijama
y hasta que no lo encuentre un terremoto de pasos
y convulsiones voluntarias no me dejara dormir.
Ya hay una pared blanca.
Mientras tanto, todos mis fantasmas gritan coloridos desde otra pared.
Los gatos gimen aun después del sexo
y la cortina medio abierta despabila el prisma de luz en toda dirección.
Hay anuncios de femineidad por todos lados,
pero las camisas que papá dejo antes de irse
me salvan de un asalto inesperado.
La cama destendida, el sudor vítreo, el vapor en la ventana.
Este es el cuarto de un cuerdo
y hasta que no encuentre el pijama no me dejara dormir.
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