Voy a regalarte la piel nueva. La inauguración de estos labios infantiles,
la primicia del humo vocacional.
Voy a perforarte las pupilas y a transgredirte los huesos.
Ahí con la cabeza escondida bajo la almohada,
voy a desnudarme en un acto surrealista de entrega.
Voy a inundarte la cara de huellas invisibles,
de tactos optimistas, de besos intangibles.
Voy a quedarme quieta y entenderé que no tengo nada que darte,
que todo lo mío no te basta, que tu carne y tu boca pequeña no transcriben mi urgencia.
Voy a entender que mi inocencia no sirve, que mi saliva no duele.
Voy a comprender que pasado el tiempo, estaré con alguien más,
y sere yo la que oculte la cabeza debajo de la almohada,
consumiendo el oxigeno de alguien que con mi ayuda, intentaba respirar.
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